TEMPS ERA TEMPS (Prólogo del periodista Enric Bañeres)
Cuando Kubala llenaba los estadios y les dejaba pequeños. Éste fue el caso del entrañable Les Corts, la casa solariega del barcelonismo resistente de la posguerra. Cuando Kubala llenaba los estadios, tiempo era tiempo que, a trancas y barrancas, lo fuimos descubriendo todo. Albert Suñé y el autor de estas líneas hicimos la primera comunión si hace no hace coincidiendo con el Congreso Eucarístico, bebimos de la misma Formación del Espíritu Nacional, vamos crecimos en medio de una sociedad anieblada por la falta de libertades y por la de productos de primera necesidad, y nos quedamos huérfanos de perspectivas que no fueran las del "Ordeno y Mando". Sin embargo, eso sí, había el Barça.
Que el domingo tras el domingo mantenía viva la llama de la ilusión colectiva en los niños y los adolescentes como nosotros, y también en nuestros padres y abuelos, que ya habían visto de todas y que sabían que los destinos del Barça y de Catalunya, en lo bueno y en lo malo, irían unidos para siempre. Y entonces apareció él. No es que tuviéramos un mal equipo, no. ¡Porque había Basora, César, Seguer, Manchón... Déu n'hi do! Los mayores nos decían que todavía había existido un equipo mejor, con los Sagi, Alcàntara, Piera y, al frente de todos, el inmortal Samitier. Y lo que son las cosas, quizás en busca de un sucesor para su trono, fue el propio "hombre Llagosta", convertido en el hombre fuerte del aparato técnico del club, quien obró el milagro de traer Kubala al Barça. Es decir, vano descorrer la cortina que nos mantenía en las tinieblas de la posguerra y nos abrió los ojos a una nueva manera de entender el fútbol. ¿Hay cosas más importantes que el fútbol en el imaginario colectivo? ¿Había cosas más aglutinantes y encantadoras en aquella Barcelona y aquella Catalunya de los años cincuenta? Joan Manuel Serrat lo inmortalizó en la canción de la que he secuestrado el título de este escrito: "Tiempo de Una, Grande y Libre, Metro Goldwyn Mayer; Lo Coge o lo Deja, Gomas y Lavajes; Quintero, León y Quiroga, panallets y panellons; Basora, César, Kubala, Moreno y Manchón". Y eso mismo, sin música pero con una prosa que destila fluideza y riqueza en cada frase, en la descripción de cada situación y en el retrato de cada personaje -aparece también el sentido del humor- es lo que nos transmite, nos reporta, nos recuerda y nos refresca Albert Suñé en este libro. Que tiene el valor testimonial de la memoria para que el autor, que podía haber adoptado el ademán erudito del periodista que está de vuelta de todo, ha preferido ponerse la bata de colegial y situarse otra vez en la posición un poco desvalida pero llena de curiosidad y de sinceridad del niño que va descubriéndolo todo. Del adolescente que va descubriendo la vida, el país y su sociedad -también la vocación- a través del Barça y a través del nuevo héroe azulgrana que respondía al nombre de Kubala. Más allá de los títulos que en Laszi aportó en el museo del club, incluso por encima de la suya técnica todavía no superada, y también por encima de su leyenda de futbolista un poco crápula, el húngaro significó un antes y un después para el barcelonismo desde el momento que la historia lo escogió como personaje providencial. Mezclar el sentimiento barcelonista y la admiración por Kubala y explicar al mismo tiempo el mundo que nos rodeaba en aquella época, no es fácil. Pero Albert Suñé lo ha hecho de manera impecable.
Enric Bañeres - Periodista